“No soy bloguera, soy influencer” o el advenimiento del narcisismo digital

Por |2016-11-30T16:01:41+00:0001/12/2016|Categorías: Sin categorizar|

P: Me han dicho que no te gusta que te llamen bloguera…

R: Porque soy influencer. Y eso es algo que va más allá de un blog.

Así respondía al periódico El Mundo una de las blogueras de moda más influyentes del mundo.

 

En una sociedad en la que todos los individuos buscan convertirse en marca y todas las marcas quieren ser personas, ¿qué lugar debe ocupar el marketing? La respuesta no es complicada pero sí requiere que entendamos el nuevo contexto en el que nos movemos, el tan traído cambio de paradigma, y que seamos capaces de reaccionar antes de ser barridos de la faz del mercado por lo que Brian Solis denomina Darwinismo digital.

 

Empecemos por el contexto. En un momento en el que los consumidores están más conectados que nunca, sus expectativas, preferencias y valores están cambiando. Cuando el autorretrato la selfie no solo no se entiende como una muestra pública reprobable de vanidad sino que se convierte en el baremo con el que medir tu valor como individuo, cuando youtuber se cuela en el top 10 de las profesiones más deseadas por los niños españoles, y cuando reafirmar nuestra individualidad es necesario para que se te considere apto para el mercado laboral queda claro que algo está pasando.

selfie

 

Desengañémonos. Desde que el tiempo es tiempo los humanos hemos intentado proyectar una imagen de nosotros mismos que no siempre coincidía con la realidad. Todos llevamos un ego dentro que lucha por salir y manifestarse. Sin embargo, con la popularización de las redes sociales, lo que hasta hace poco quedaba restringido a la esfera de amigos y conocidos, adquiere ahora (potencialmente) una dimensión global. Y además casi se convierte en una obligación, especialmente cuanto menor es la edad del perpetrador. Si buscas tu nombre en Google y no apareces, preocúpate. No estás dejando un rastro digital público lo suficientemente relevante, lo que significa que eres, sí, traga saliva, irrelevante. Si no tuiteas o posteas en Facebook o Instagram, eres como el árbol que cae en medio del bosque pero que nadie lo ve. No importa lo brillante, ingenioso, culto o buena persona que seas. No existes fuera de tu esfera privada, lo que según a qué te dediques quizá no te afecte demasiado en estos momentos pero, por tu bien, espero que te quede poco para la jubilación.

 

Cuando decimos que el narcisismo forma cada vez más parte de nuestro tuétano social, no nos estamos refiriendo necesariamente al trastorno psicológico sino al aumento de rasgos narcisistas que muestran las sociedades avanzadas. Desde la abundancia de mensajes alabando el talento de Prince después de su fallecimiento, hasta la proliferación de avatares con la bandera francesa tras los atentados de París, por citar dos ejemplos no muy lejanos, millones de individuos sienten la necesidad de demostrar y mostrar quién son, y quién les gustaría ser, públicamente. Un postureo dedicado a dejar claro que tú sí que apreciabas el talento de Prince, aunque quizá no eres capaz de recordar otra canción más allá de “Purple Rain”, y a decirle a todos que #JeSuisCharlie aunque hasta ese mismo día ni siquiera supieras que existía la revista y aún no tienes demasiado claro de qué tipo de medio se trata.

 

Los adolescentes de hoy millennials han crecido viendo como gente sin más talento que el de haber pasado un casting televisivo se convierte en estrellas. Únelo a unos padres que ven a sus hijos como extensiones de ellos mismos y que, en aras de la autoestima de dichos vástagos, convierten todo lo que estos hacen en algo maravilloso que debe ser expuesto y alabado (por sus dibujos sabréis dónde está la nevera) y la conclusión sale sola: no hace falta que tengas ninguna habilidad especial, lo único que necesitas es ser tú mismo y los cinco segundos de fama que te prometieron. Aunque quizá no seas alguien como para tirar cohetes. Y aún diría más, a pesar de que seas alguien a quien sería mejor lanzar en un cohete. Cuando los famosos las celebrities llenan las redes sociales de información banal que además es acogida por sus seguidores con miles de comentarios y likes, el mensaje es claro: cuando eres importante nada es mundano y, por lo tanto, compartir lo que desayunas o tu visita al gimnasio (aunque haya sido solo para hacerte la foto con esas mallas tan cool OMG! #fitinspiration #gymlife) se convierten en pruebas de tu relevancia social.

 

Detrás de este auge de narcisismo digital está la creencia compartida por millones de que uno es especial, cuando la realidad es más bien lo contrario, extraordinarios son solo unos pocos. El espejismo de que tu realidad diaria es digna de ser documentada y compartida públicamente se propaga en el mundo de la gente ordinaria, por corriente, y siendo la vanidad lo único que podemos replicar, es este el rasgo a emular. Pero claro, ¿cómo convences a alguien de que le viene un collejón con la mano abierta cuando personajes de este tipo consiguen la aclamación popular y una lucrativa carrera? Y él es solo un ejemplo y probablemente ni siquiera el peor.

 

Y no creas que esta epidemia de narcisismo digital es algo que afecta únicamente a los más jóvenes. Jean M. Twenge, co-autora de “The Narcissism Epidemic” declara que la evidencia demuestra que los narcisistas tienen más amigos en Facebook, por ejemplo, y que, aunque no se puede culpar a las redes sociales de ser las únicas culpables del aumento de narcisistas entre nosotros, sí que es demostrable que los heavy-users tienen algo en común: su apego a chupar cámara.  Y es que ya lo decían los clásicos, el amor (por uno mismo) no tiene edad. ¿Por qué debería una dejar de colgar fotos de su mismidad cuando la omnipresente Kim Kardashian (¿motivo de la fama? 1, 2, 3, responda otra vez) confiesa abiertamente haberse hecho seis mil selfies en cuatro días y no solo nadie le dice “Guapa, you’ve got 99 problems and Kanye might not be one of them” sino que sus fans aumentan y todo lo que ella promociona funciona? Quizá si leo los libros que ella lee… Ah, no.

 

Lo que nos lleva al meollo de la cuestión. ¿Cómo pueden aprovecharse las marcas de esta tendencia a la autopromoción personal? La respuesta está encerrada en la pregunta. ¿Qué busca un narcisista? Atención. ¿Qué debes hacer cuando requieras de la colaboración de un narcisista influencer? Hazle quedar (muy) bien. Pero, ¿cómo puedes promocionar tu marca cuando lo que en realidad le preocupa al influencer es promocionarse a sí mismo?  Desde la humildad. Reafirma su ego, acepta que eres el actor de reparto en esta peli y que nunca podrás controlar el resultado final. Recompensa su auto-indulgencia. Que hable de ti será la prueba de que funciona.

 

Y si quieres profundizar en el marketing de influencers, en este artículo encontrarás mucho de lo que debes saber, incluidas las implicaciones legales porque, sí, amiguitos, la publicidad es publicidad, es publicidad.

 

* Ningún influencer fue herido en la redacción de este artículo.

** Repetimos, el término narcisismo digital no hace referencia al trastorno narcisista de la personalidad sino a la demostración de rasgos narcisistas.

*** Si quieres saber en qué punto estás tú en la escala de narcisismo, puedes responder a la pregunta ¿soy narcisista? y si la respuesta es negativa, contesta el IPN.